Familias y niños en pandemia, el deporte como refugio.
- Fundatade

- 22 oct 2020
- 2 Min. de lectura
Cuando la pandemia obligó a cerrar escuelas, canchas y parques, los hogares se transformaron en gimnasios improvisados, salas de entrenamiento y pequeños escenarios deportivos. Fue un tiempo difícil, especialmente para los niños y jóvenes, pero también una oportunidad para que las familias redescubrieran el poder del deporte como herramienta de unión.
Retos dentro de casa
El confinamiento trajo consigo largos días frente a pantallas, rutinas interrumpidas y mucha incertidumbre. Para muchos padres, mantener activos a sus hijos fue un desafío constante: ¿cómo reemplazar el juego en el parque o el entrenamiento en equipo dentro de cuatro paredes?

Creatividad familiar
La respuesta llegó de la creatividad y el ingenio. Balones en la sala, rutinas de ejercicios en la terraza, bicicletas estáticas en el pasillo y hasta juegos tradicionales volvieron a cobrar vida. El deporte dejó de ser solo entrenamiento para convertirse en una excusa de conexión entre padres e hijos.
El valor emocional del movimiento
Más allá de los beneficios físicos, el deporte se convirtió en un refugio emocional durante los meses más difíciles. Saltar, correr o simplemente compartir una rutina de estiramiento ayudó a liberar tensiones y a devolverle esperanza a los niños. Cada pequeño logro —hacer más flexiones, aprender un nuevo paso o mantener el equilibrio sobre patines— se transformó en motivo de celebración familiar.
Lecciones que quedan
En FUNDATADE creemos que la pandemia demostró algo fundamental: el deporte no siempre necesita estadios ni grandes escenarios, basta con la voluntad de moverse y compartir. Las familias y niños en pandemia, el deporte como refugio en las casas, los papás fueron entrenadores, jueces y compañeros de equipo, mostrando que cuando los niños se sienten acompañados, el deporte se vuelve una herramienta de resiliencia y alegría.
Porque si algo nos dejó este tiempo, es la certeza de que el




Comentarios